Archivo de Octubre, 2007
Sukay – Instrumental music of the Andes
01. Yayakarwi
02. Ñuca llajta
03. Huayrasan
04. Khuyaylla
05. Añoranzas
06. San Juan
07. Aymúray
08. Rosay
09. Tutayay
10. Socavón
11. San Juanito de amanecida
12. Sauce llorón
13. Tarkas, choquellas, toyos
14. Carnaval del colibrí
15. Mama luna
16. Toro barroso
17. Huiro
Tamaño: 64 mb
Wara – Hichhanigua Hikjatata Vol 1 – Maya
01. Tema I: Altiplano
02. Sicoyas
03. Aymara
04. Jacku ckalcheño
05. Tema II: Coca
06. Ladrona del alma mía
07. Mi balsita
08. Huaycheñita
09. Canutito
Tamaño: 31 mb
Luis Rico y su banda (1996)
01. La saya del caporal
02. El último tincu en París
03. Camba alegre
04. Vamos a la plaza
05. La llamerada del rescate
06. En el funeral del río
07. Matrimonio en el conventillo
08. El dulce alivio
09. Jumechi
10. Illimani
11. No le digas
12. Hermana alta
Aporte de Jorge
Luis Rico – Así se enciende mi amor
01. La morenada
02. La flor del polietileno
03. Cuando hablé con Don Noel
04. Cueca pa’l Nilo
05. Coplas negras
06. Flor de alelí
07. Carnaval de Uyuni
08. Juan Cutipa
09. Fiesta de Reyes
10. Butch Cassidy & Sundance Kid
11. Entre a mi pago sin golpear
12. El contraste
13. La Polilla
14. Bienvenido General
Aporte de Jorge
Luis Rico
01. Viva mi patria Bolivia
02. El humahuaqueño
03. Niña cambá
04. Don Isaac
05. Soledad
06. Canción con todos
07. Kantu del sicuri
08. Décimas del folklore
09. Desde Oruro a Cochabamba
10. Chapaco alzao
Aporte de Jorge
Banda sonora de la pelicula Yawar mallku

Otro aporte de Jorge.
Contiene cuatro piezas del estrato indígena de la película, en el estado más puro posible, dado que son grabaciones realizadas con gente del pueblo tocando su música tradicional.
Los comuneros las grabaron pensando que comunicarían a la película sus cualidades mágicas. El “pillco”, por ejemplo, es una melodía sagrada que sólo se toca cuando la tierra o los hombres se han vuelto infecundos. Sus acordes sirven para conjurar el mal.
El EP fue editado por Ayui en Montevideo, en 1971.
01. Kantu Corti Poncho (Comuneros de Kaata)
02. Chilli (Ignacio Quispe)
03. Pillco (Comuneros de Kaata)
04. Kantu Palla-Palla (Comuneros de Lunlaya)
Inkaquenas (1994)
01. El cóndor pasa
02. Moliendo café
03. Cholita serrana
04. Amor indio
05. Cacharpaya
06. Carnavalito
07. Pájaro campana
08. El humahuaqueño
09. Auqui auqui
10. Vírgenes del sol
11. Chasqui
12. Carnavalito andino
13. El picaflor
14. Huaquero
15. Vasija de barro
16. Danza inka
17. Poco a poco
18. Pirulay puka pulle racha
19. Carnavalito arequipeño
20. Tardes andinas
21. La diablada
22. Cordillera
Tamaño: 60 mb.
Sangre de cóndor (Yawar mallku) – Bolivia, 1969
Esta película cuenta una historia real sucedida unos años antes en los Andes centrales, donde los Cuerpos de paz yankis ligaban las trompas de las mujeres bolivianas (sin su conocimiento, por supuesto), aplicando las políticas diseñadas por Mac Namara.
La imagen final muestra a un grupo de personas empuñando armas símbolo de rebeldía y lucha contra de la opresión y división de clases.
La defensa de la comunidad fue eficaz … y ése es el problema de la película, a la cual los milicos le quemaron los masters en La Paz.
Su tema es también una historia de indios, mestizos y blancos.
El indio pregunta a la madre coca, pide a la madre tierra, sube al cerro en pos de la “luz” y se convierte en víctima cuando va a la ciudad.
El mestizo es desigual y contradictorio: ambiciona las cosas del blanco, pero llora el perdido mundo indígena; tiene un poster del Che en su pieza, pero responde airado cuando le llaman “indio”.
El blanco ha olvidado a los dioses, desconoce el país y está aprendiendo inglés.
Yawar mallku (nombre quéchua del film) refleja el entrelazamiento y la relación de estos tres mundos, la historia de su conflicto y su pugna.
Ficha técnica:
Tipo: Largometraje blanco y negro
Producción: Grupo Ukamau
Jefe de producción: Ricardo Rada
Dirección, guión y montaje: Jorge Sanjinés
Fotografía: Antonio Eguino
Asistente de cámara: Juan Miranda
Continuidad: Daniele Caillet
Argumento: Oscar Soria, Jorge Sanjinés
Música: Alberto Villalpando, Alfredo Domínguez e Ignacio Quispe
En la quena: Gilbert Favre
Reparto: Benedicta Huanca, Marcelino Yanahuaya, Vicente Verneros, Danielle Caillet, Mario Arrieta, Ilde Artés, Comunarios de Kaata
Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4
Parte 5
Uña Ramos – Puente de madera
01. Puente de madera
02. Cajita de música
03. Notas de fuego
04. La ronda de las estrellas
05. Reflejos del sol
06. Poncho gris
07. Danza del amanecer
08. Castillo dormido
09. Color de otoño
10. Viento norteño
11. Flor de jazmín
12. La garganta del diablo
Tamaño: 40 mb
La "guerra sucia" contra el indio
La llamada “Conquista del Desierto” no sólo produjo una matanza de la población originaria.
Felipe Pigna. Historiador
fpigna@clarin.com
Los sobrevivientes de la llamada “Conquista del Desierto” fueron “civilizadamente” trasladados, caminando encadenados 1.400 kilómetros, desde los confines cordilleranos hacia los puertos atlánticos.A mitad de camino se montó un enorme campo de concentración en las cercanías de Valcheta (Río Negro). El colono galés John Daniel Evans recordaba así aquel siniestro lugar: “En esa reducción creo que se encontraba la mayoría de los indios de la Patagonia. (…) Estaban cercados por alambre tejido de gran altura; en ese patio los indios deambulaban, trataban de reconocernos, ellos sabían que éramos galeses del Valle del Chubut. Algunos aferrados del alambre con sus grandes manos huesudas y resecas por el viento, intentaban hacerse entender hablando un poco de castellano y un poco de galés: poco bara chiñor, poco bara chiñor (un poco de pan señor)” (1).La historia oral, la que sobrevive a todas las inquisiciones, incluyendo a la autodenominada “historia oficial”, recuerda en su lenguaje: “La forma que lo arriaban… uno si se cansaba por ahí, de a pie todo, se cansaba lo sacaban el sable lo cortaban en lo garrone. La gente que se cansaba y…iba de a pie. Ahí quedaba nomá, vivo, desgarronado, cortado. Y eso claro… muy triste, muy largo tamién… Hay que tener corazón porque… casi prefiero no contarlo porque é muy triste. Muy triste esto dotor, Yo me recuerdo bien por lo que contaba mi pobre viejo paz descanse. Mi papa; en la forma que ellos trataban. Dice que un primo d’él cansó, no pudo caminar más, y entonces agarraron lo estiraron las dos pierna y uno lo capó igual que un animal. Y todo eso… a mi me… casi no tengo coraje de contarla. Es historia es una cosa muy vieja, nadie la va a contar tampoco, no? …único yo que voy quedando… conocé… Dios grande será… porque yo escuché hablar mi pagre, comersar… porque mi pagre anduvo mucho…” (2).
De allí partían los sobrevivientes en una larga y penosa travesía, cargada de horror para personas que desconocían el mar, el barco y los mareos, hacia el puerto de Buenos Aires. Los niños se aferraban a sus madres, que no tenían explicaciones para darles ante tanta barbarie.
Un grupo selecto de hombres, mujeres y niños prisioneros fue obligado a desfilar encadenado por las calles de Buenos Aires rumbo al puerto. Para evitar el escarnio, un grupo de militantes anarquistas irrumpió en el desfile al grito de “dignos”, “los bárbaros son los que les pusieron cadenas”, prorrumpieron en un emocionado aplauso a los prisioneros que logró opacar el clima festivo y “patriótico” que se le quería imponer a aquel siniestro y vergonzoso “desfile de la victoria”.
Desde el puerto los vencidos fueron trasladados al campo de concentración montado en la isla Martín García.
Desde allí fueron embarcados nuevamente y “depositados” en el Hotel de Inmigrantes, donde la clase dirigente de la época se dispuso a repartirse el botín, según lo cuenta el diario El Nacional, que titulaba “Entrega de indios”: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia” (3).
Se había tornado un paseo “francamente divertido” para las damas de la “alta sociedad”, voluntaria y eternamente desocupadas, darse una vueltita los miércoles y los viernes por el Hotel a buscar niños para regalar y mucamas, cocineras y todo tipo de servidumbre para explotar.
En otro artículo, el mismo diario El Nacional describía así la barbarie de las “damas” de “beneficencia”, encargadas de beneficiarse con el reparto de seres humanos como sirvientes, quitándoles sus hijos a las madres y destrozando familias: “La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas, el padre se cruza por delante para defender a su familia” (4).
Los promotores de la civilización, la tradición, la familia y la propiedad, habiendo despojado a estas gentes de su tradición y sus propiedades, ahora iban por sus familias.
A los hombres se los mandaba al norte como mano de obra esclava para trabajar en los obrajes madereros o azucareros. Dice el Padre Birot, cura de Martín García: “El indio siente muchísimo cuando lo separan de sus hijos, de su mujer; porque en la pampa todos los sentimientos de su corazón están concentrados en la vida de familia”.
Se habían cumplido los objetivos militares, había llegado el momento de la repartija del patrimonio nacional.
La ley de remate público del 3 de diciembre de 1882 otorgó 5.473.033 de hectáreas a los especuladores. Otra ley, la 1552 llamada con el irónico nombre de “derechos posesorios”, adjudicó 820.305 hectáreas a 150 propietarios. La ley de “premios militares” del 5 de setiembre de 1885, entregó a 541 oficiales superiores del Ejército Argentino 4.679.510 hectáreas en las actuales provincias de La Pampa, Río Negro, Neuquén, Chubut y Tierra del Fuego. La cereza de la torta llegó en 1887: una ley especial del Congreso de la Nación premió al general Roca con otras 15.000 hectáreas.
Si hacemos números, tendremos este balance: La llamada “conquista del desierto” sirvió para que entre 1876 y 1903, es decir, en 27 años, el Estado regalase o vendiese por moneditas 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes vinculados estrechamente por lazos económicos y/o familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período.
Entre ellos se destacaban 24 familias “patricias” que recibieron parcelas que oscilaban entre las 200.000 hectáreas de los Curo a las 2.500.000 obtenidas por los Martínez de Hoz.
Desde luego, los que pusieron el cuerpo, los soldados, no obtuvieron nada en el reparto. Como se lamentaba uno de ellos, “¡Pobres y buenos milicos! Habían conquistado veinte mil leguas de territorio, y más tarde, cuando esa inmensa riqueza hubo pasado a manos del especulador que la adquirió sin mayor esfuerzo ni trabajo, muchos de ellos no hallaron —siquiera en el estercolero del hospital— rincón mezquino en que exhalar el último aliento de una vida de heroísmo, de abnegación y de verdadero patriotismo”.
Los verdaderos dueños de aquellas tierras, de las que fueron salvajemente despojados, recibieron a modo de limosna lo siguiente: Namuncurá y su gente, 6 leguas de tierra. Los caciques Pichihuinca y Trapailaf, 6 leguas. Sayhueque, 12 leguas. En total, 24 leguas de tierra en zonas estériles y aisladas.
Ya nada sería como antes en los territorios “conquistados”; no había que dejar rastros de la presencia de los “salvajes”. Como recuerda Osvaldo Bayer, “Los nombres poéticos que los habitantes originarios pusieron a montañas, lagos y valles fueron cambiados por nombres de generales y de burócratas del gobierno de Buenos Aires. Uno de los lagos más hermosos de la Patagonia que llevaba el nombre en tehuelche de ”el ojo de Dios” fue reemplazado por el Gutiérrez, un burócrata del Ministerio del Interior que pagaba los sueldos a los militares. Y en Tierra del Fuego, el lago llamado ”Descanso del horizonte”, pasó a llamarse ”Monseñor Fagnano”, en honor del cura que acompañó a las tropas con la cruz”.
1. Delrio, Walter, citado por Fabiana Nahuelquir en “Relatos del traslado forzoso en pos del sometimiento indígena a fines de la conquista al desierto”, publicado en www.elhistoriador.com.ar
2. Citado por Fabiana Nahuelquir, op.cit.
3. El Nacional, Buenos Aires, 31 de diciembre de 1878.
4. Alvaro Yunque, Historia de los Argentinos, Buenos Aires, Anfora, 1968.
Fuente: Clarín




